Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Enric Granados. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Enric Granados. Mostrar tots els missatges

dilluns, 21 de novembre del 2016

Jorge, el Gaitero (Any Granados)

L'any 18984 l'Enric Granados va treballar sobre una sarsuela que no es va arribar a estrenar, i de la que, a més, no tenim constància ni de la seva lletra ni de la seva música. El seu títol fou "Jorge, el Gaitero", i l'autor de la lletra fou Antonio Guerra y Alarcón.


Eren els anys que Granados va viure a Madrid, preparant unes oposicions a professor del Conservatori de Música de Madrid. No va arribar a presentar-se a les oposicions, perquè va caure malalt, de certa gravetat, justament quan per fi es van dur a terme, més d'un any després de la seva primera arribada a Madrid. Les va guanyar una dona, María del Pilar Fernández de la Mora, la primera dona a guanyar plaça com a professora del conservatori de Madrid, i la va guanyar competint amb homes: Jenaro Vallejos, Emilio Sabater, Javier Jiménez Delgado, Antonio Puig y Ricardo Alzola. No es van presentar a examen un parell més d'homes, Granados entre ells, o sigui que va guanyar competint amb una llista inicial de 7 contrincants homes.

Aquesta sarsuela inèdita de Granados formava part dels seus intents de donar-se a conèixer a Madrid com a compositor d'obres líriques, donat que era més fàcil sobreviure escrivint sarsueles que obres per a piano o conjunt de cambra, i que Granados no tenia diners. No sabem del cert com era el llibret de l'obra, però revisant publicacions he trobat un relat anomenat "Jorge, el Gaitero", publicat en la revista "La América", que dirigia precisament Antonio Guerra y Alarcón, i amb data de publicació de 1886, o sigui, uns quants anys abans de l'arribada de Granados a Madrid. El Teatre Parish (també conegut com a Teatre Circ Parish) de Madrid va indicar que s'estrenaria una obra de igual títol (o aquesta) a l'octubre de 1899, però no es va arribar a estrenar.

Vet aquí el relat, en castellà (i força llarg, però molt maco):


JORGE, EL GAITERO
(Tradición popular)

Hace ya mucho tiempo que no produce Irlanda músicos tan hábiles como Jorge, el pobre ciego que, llevado de la mano por su madre que le servía de lazarillo, iba de pueblo en pueblo conmoviendo a los montañeses con los sonidos armoniosos que arrancaba al tosco instrumento que era su único modo de vivir.

Joven, alto, hermoso, daba lástima verle siempre con los ojos fijos, con esa fijeza que la ceguera da a la mirada, la gaita a la espalda, andando lentamente y siempre acompañado de su madre, que de cuando en cuando le miraba tiernamente, como miran las madres a sus hijos, enjugando furtivamente la lágrima rebelde que rodaba por sus mejillas. Todo el mundo los conocía en la montaña, y de todos eran bien recibidos; ninguna puerta se cerraba ante ellos, y siempre había un sitio en la mesa y un puesto en el hogar para los dos.

Cuando, sorprendidos por la noche o por la tormenta, invocaban la hospitalidad en la primera choza que hallaban al paso, empezaban llamando sobre los caritativos la protección de Dios —que oye siempre las súplicas de los pobres— y luego, sentados ante el fuego, en medio de todos los habitantes de la casa, viejos, jóvenes y niños, mientras la leña chisporroteaba al consumirse, y el viento rugía azotando las puertas con furor, Jorge sabía encontrar en la sencilla gaita irlandesa las notas más dulces, las melodías más conmovedoras, que al resonar en medio de la noche parecían cánticos de serafines. Y escuchándole, no había ojos que no se humedeciesen, ni corazón que no apresurase sus latidos.


II.

Porque Jorge no era un gaitero como lo son la generalidad. Jorge se trasmutaba, por decirlo asi, al arrancar al rústico instrumento aquellas notas que bullían y palpitaban a su alrededor, como chispas divinas, envolviéndole en una atmósfera particular, y abstrayéndole del mundo material. Era ciego; la luz, que tanto oía encarecer, se negaba a llegar a sus muertas pupilas, y todo era noche oscura, noche densa para él; pero al herir sus oídos los ecos de sus melodías, revelábasele un mundo nuevo, y la magia de los sonidos le hacía comprender la magia de los colores, y las armonías de sus cantos, las armonías de la luz.


III.

Así, pues, no tiene nada de particular, siendo el primer músico de la montaña, que no hubiese fiesta en toda ella, ni aún en los pueblecitos de la costa, a que no fuesen Jorge y su madre los primeros invitados. Todos se levantaban para recibirlos al verlos llegar, y en las bodas el joven era llevado a su asiento por la misma novia, radiante de felicidad, que por el camino le rogaba recordase sus mejores canciones para alegrar su casamiento. Y en los bautizos Jorge era quien depositaba el primer beso en la frente del recién nacido, a quien deseaba en una trova sentida, suerte mejor que la suya, y sobre todo, unos bellos ojos para poder ver el cielo y el mar, los valles, los abismos, las llanuras y las montañas.

Un día, el mismo en que principia la leyenda, Jorge salió de su choza acompañado de su madre en dirección a la costa, buscando un sitio encantador, un pedazo de playa que se extendía al pie de una roca y en el cual venían las olas a morir. En frente la inmensidad del mar reflejando en su vasto seno la inmensidad del espacio; a un lado y otro grandes rocas que parecían resguardar a los que acudían a aquel sitio de los golpes del mar y los bramidos del viento; a la espalda la falda de la montaña ostentando su hermoso manto de verdura, y a lo lejos, elevándose al cielo como un tenue vapor las primeras brumas de la tarde.

Allí estaban reunidos los habitantes de las cercanías. Celebrábase la boda de uno de ellos con la hija de un pescador, joven y hermosa doncella que no disimulaba su alegría, y la presencia de Jorge en la fiesta se explicaba perfectamente. Invitado de antemano, había compuesto para ella una linda sonata, que dedicaba a la novia, y en la cual agotó el pobre músico de la montaña el tesoro de su inspiración; en aquella sonata había reunido el infeliz todos sus deseos, todas sus quimeras, todas sus fantasías; los ecos de la música que sonaba incesantemente en sus oídos, las reminiscencias de una vida ajena a la materia, vida que él vivía y en cuyos goces se embriagaba; las voces, en fin, que una vez y otra vez venían a turbar sus pensamientos y arrebatarle a sus meditaciones.


IV.

Caía la tarde. Las nubes sembradas en el inmenso campo del espacio simulaban un incendio, heridas por los últimos rayos del sol Poniente, cuyo inflamado globo tocaba ya los limites del horizonte. Una calma tranquila, serena, no turbada por rumor alguno, se extendía por todas partes. Las olas, lamiendo dulcemente la orilla, se dilataban entre sus arenas. Ni un soplo de aire rizaba la liquida superficie.

Los aldeanos, reunidos en la playa para festejar la boda de los dos jóvenes y desearles mil felicidades para el presente y hermosos sueños para el porvenir, sentíanse rendidos de tanto bailar, y su voz estaba enronquecida por el canto. Sólo Jorge, siempre triste, siempre sonriéndose con aquella sonrisa melancólica que de cuando en cuando erraba por sus labios descoloridos, sólo el pobre ciego, a cuyo lado se sentaba su madre, seguía tocando sus bellas canciones, aplaudidas de todos y por todos oídas con religioso respeto.

De pronto, Jorge se levantó.

—Voy a tocar —dijo— mi última sonata, que dedico a la novia. La hice ayer en medio del silencio de la noche, y puse en ella todos los sueños de mi alma.

Gritos prolongados de alegría acogieron estas palabras. Todos se sentaron, preparándose a escuchar. La novia, objeto de todas las miradas, bajó confusa los ojos y se colocó con su novio cerca de Jorge. El pobre músico les dio las gracias y empezó a tocar.

A los primeros ecos de la sonata, los aldeanos se miraron sorprendidos. Nunca habían oído nada que se pareciese a aquella delicada armonía que ahora llegaba hasta ellos, y en la cual tenían una nota cada sentimiento, un gemido cada dolor;, al concluirse la primera estrofa todos lloraban. Después, y conforme fue adelantando la música, un encanto, del que nadie podía darse cuenta, empapaba los sentidos de los oyentes, que en vano querían romperlo y estallar en hurras entusiastas. Sin poder moverse del sitio en que se habían colocado, la admiración los poseía de tal modo, que ni sus lenguas podían hablar ni sus manos aplaudir. ¡Extraño espectáculo el de aquella multitud que parecía clavada en sus asientos, y que, pendiente del músico de la montaña, mirábale con fijeza, sin poder separar sus ojos de los ojos sin luz del pobre ciego!

Su misma madre estaba sorprendida. Ella tampoco guardaba en su memoria recuerdo alguno de nada semejante; nunca su hijo estuvo tan inspirado; nunca, como entonces, había encontrado el medio de conmover todas las fibras del corazón.

En cuanto a Jorge, también sentía la influencia de su música; él también parecía trasportado a regiones más altas y más puras. Sin darse cuenta de lo que por él pasaba, enderezó de repente su paso, y echó a andar maquinalmente hacia la orilla. Por una extraña alucinación, creía tener vista; sentía como si el velo de sus pupilas se hubiese rasgado, y veía el paisaje tal como mil veces se lo había descrito su madre. E1 sol hermoso, bajo dosel do nubes festoneadas de púrpura, hundiéndose lentamente en el mar, que parecía entreabrir su seno de olas para recibirle.

De pronto dio un paso atrás y se detuvo, pero sin interrumpir la ejecución do su sonata. Por todas partes creyó ver salir de entre la espuma de las aguas peces de todos tamaños y de todos colores que salían para escuchar atentos la música que sonaba; sonaba sin cesar, poblando el aire de cadenciosas armonías. El sol mismo parecía haber detenido su curso para no perder la última nota.

Y en medio del mar, como envuelta en una nube trasparente, de pie sobre la tersa superficie un ser ideal, una mujer joven y hermosa, tal como esas ondinas que tienen en el fondo de las aguas sus alcázares misteriosos y cuya existencia afirmaban todos los cantos populares de la montaña, extendía hacia él sus brazos do nácar. Una corona de coral ceñía sus sienes; collares de perlas rodeaban su garganta. La luz del sol naciente brillaba en sus ojos, y una sonrisa hechicera vagaba por sus labios. Este ser ideal saltó a tierra, y acercándose a Jorge murmuró dulcemente en sus oídos gratas frases do amor y de ternura.

—Ven —le decía— yo soy la reina poderosa de las aguas, que tengo un palacio maravilloso que la Luna ilumina con su luz al rielar sobre las ondas. He oído tu voz, y he venido por ti; he venido a llevarte conmigo a ese reino cuyos tesoros son infinitos como el deseo, inmensos como la esperanza. En la tierra eres ciego y no ves nada de cuanto te rodea; ven conmigo y yo daré a tus ojos la luz que necesitan para admirar la creación.

Jorge escuchaba estático esta voz que abría nuevos horizontes a su alma, sin separar la vista de su fantástica aparición que le atraía hacía sí con un poder inexplicable. No veía ya nada: el ciclo y el mar, la playa y la montaña estaban envueltos en la sombra para que así se destacase mejor la figura de la ondina, que aguardaba su respuesta como envuelta en un nimbo luminoso. Y los sones cada vez más dulces, cada vez más armoniosos de la sonata, seguían palpitando en el espacio.

-Sígueme —murmuraba la ondina—. Yo te daré un amor sin límites en mis grutas de cristal silenciosas como el olvido. El mar será tu esclavo, y sus tempestades, que atemorizan a los hombres y conmueven las montañas, se estrellarán temblando a tus pies. ¡Ven! ¡Ven! Deja la tierra en que padeces, la tierra en que sufres, y yo te daré un paraíso con mi amor.

Jorge empezó a andar. La voz de la ondina acariciaba sus oídos, como el soplo del viento que pasa entre las flores sin moverlas. El infeliz seguía aquella voz melodiosa que era su única guía y le arrastraba a su pesar...


V.

En la playa, los aldeanos, para los cuales era invisible la figura de la ondina, veían con terror que Jorge se alejaba sin volver atrás la vista y sin presentir el peligro que corría de caer en el mar; pero los ecos de la sonata, que no dejaba de vibrar, los privaba de toda acción. Sólo la madre de Jorge, por un esfuerzo vigoroso, pudo gritar con voz angustiosa:

—¡Jorge, hijo mío, ven!!..

Pero Jorge no la oía. Delante de él marchaba la ondina sonriéndose y señalándole con la mano su camino. Así llegaron a la orilla. Ella se precipitó en las aguas, y el pobre músico se precipitó también tras ella. Allí espiraba la canción. Al caer Jorge al agua, sonó la última nota que era un gemido de agonía. Rompióse entonces el encanto, y todos corrieron hacia la orilla. Jorge habia desaparecido ya, y las sombras nocturnas cubrían la inmensidad del mar y los últimos confines del ciclo.


VI.

En vano, los más atrevidos pescadores fueron por sus lanchas y registraron la costa hasta bien entrada la noche, mientras sus mujeres y sus hijos prodigaban los más solícitos cuidados a la madre del músico, medio muerta de angustia y de dolor; en vano todos los días siguientes recorrieron ansiosos la playa esperando que el mar devolvería su presa para darle cristiana sepultura. El cuerpo de Jorge no salió nunca a la superficie y nadie volvió a verle. Desde entonces, y siempre que la noche es callada y serena, cuando ningún rumor turba el viento y las olas baten la arena sin ruido; cuando las estrellas lucen tranquilas como flores en la inmensidad, los pescadores que vuelven con retraso a sus hogares, oyen una blanda música que parece salir de en medio de las olas: es Jorge que gozando delicias sin fin en el alcázar de la ondina, la adormece con los dulces ecos de sus sonatas amorosas.

Eugenio de Olavarría y Huarte (1853-1933)

dilluns, 1 d’agost del 2016

Enric Granados i Amparo Gal, els darrers moments

Acostuma a passar que quan mor una persona estimada, i més si la mort li ha arribat d'una manera injusta (com si la mort entengués de justícia!) la veu popular cerca una justificació, o una exaltació sublim, de la pròpia mort. La vida romàntica, des del punt de vista artístic, de començaments del Segle XX havia doncs de tractat la mort del compositor Enric Granados i Campiña sota la llum deformadora d'aquell romanticisme tardà que tant havia tingut a veure amb músics, escriptors i pintors.


Enric Granados i la seva esposa, Amparo Gal

Si resseguim les notícies que dia rere dia arribaven als diaris, a partir del fet inqüestionable de la torpedinada del vaixell «Sussex» per un submarí alemany (el 24 de març de 1916) ens trobem la següent seqüència, a la qual m'he estimat no incloure els comentaris panegírics ni les gloses de la personalitat del compositor lleidatà, perquè tenen a veure amb la pròpia notícia de la mort:

Dia 26 de març de 2016

La Vanguardia publica la notícia de l'atac contra el vapor Sussex amb les següents paraules: «París, 26. Nos dicen de Boulogne que ha sido atacado por un submarino alemán el vapor inglés Sussex que hace el servicio entre Folkstone y Dieppe; a pesar de las averías sufridas pudo llegar, remolcado por otro vapor, al puerto de Boulogne. Al ser atacado llevaba el Sussex a bordo 380 pasajeros, la mayoría de ellos de naciones neutrales, singularmente americanos y españoles.

«Uno de los pasajeros del Sussex, inspector en el ferrocarril de Orleans, ha dicho que a la una y media, con buen tiempo y mar tranquila, había salido el vapor del puerto de Folkstone, "y a las tres de la tarde nos sorprendió a todos una formidable explosión, que incendió el vapor terriblemente y levantó al espacio grandes masas de agua que al caer de nuevo sobre el buque dieron a todos la sensación de que éste se hundía en el mar, lo que afortunadamente no fue así".

«Algunos pasajeros creyeron que el Sussex había chocado con una mina flotante, pero otros habían perfectamente visto la estela trazada por el torpedo. Organizado el salvamente de los pasajeros, embarcaron en las lanchas cuantos pudieron, en primer lugar las mujeres; pero pasaba el tiempo y el Sussex continuaba a flote. Hecho entonces un detenido reconocimiento, se vio que los compartimientos estanques habían funcionado con entera perfección y que resistían admirablemente. El capitán dispuso entonces lo necesario para la posible reparación del buque y como habían quedado rotas las antenas radiotelegráficas, fueron arregladas otras del mejor modo que se pudo y fue transmitido un despacho dando cuenta del siniestro y del sitio en que se hallaba el buque. Por fin, a las once de la noche llegaron junto al Sussex, procedentes de Boulogne, algunos vapores, que embarcaron a los náufragos, y uno de ellos remolcó al Sussex.

«Los náufragos fueron en el puerto de Boulogne acogidos cordialmente y magníficamente atendidos por la Cruz Roja inglesa. La mayoría de los pasajeros se quedaron en Boulogne.

«Como detalle curioso puede citarse el de que las calderas del Sussex continuaron funcionando después de la catástrofe, por lo que no faltó en el buque la luz eléctrica.»


Dia 27 de març de 1916

La Acción: «¿Iba Granados? París 23 [nota: clarament una errata en la data, el vaixell fou torpedinat el 24 a les 14:50], 11 noche. Los pasajeros americanos del "Sussex" cuentan que el compositor español Granados iba a bordo de dicho buque. Le vieron en el momento en el que se refugiaba con su mujer en una lancha. Ambos desaparecieron. Envióse una canoa en su busca, la cual volvió sin haber podido encontrarlos».

Altres diaris repeteixen el mateix comunicar, òbviament d'agència: La Correspondencia de España, La Época, El Heraldo de Madrid, El Siglo Futuro, La Vanguardia, etc.

El Heraldo Militar: «¿Ha perecido el maestro Granados?». Resta idèntic als altres diaris, però afegeix de collita pròpia: «Hay una esperanza de que no se confirme esta versión. Parece extraño que los pasajeros españoles salvados del siniestro nada hayan dicho de la presencia del insigne maestro a bordo del Sussex».

El Imparcial: «En el mar - Torpedeamiento del Sussex - Supervivientes españoles. París 26 (3:40 tarde). El Ministro de Marina comunica al primera lista de pasajeros del vapor Sussex, conducidos a Boulogne-sur-Mer. Comprende 174 personas, de las cuales 31 son franceses, 44 ingleses, 53 italianos, 24 belgas, dos rusos, seis españoles, 13 yanquis y un chileno. Los españoles son los siguientes: Jesús María Ferrete Paus, Mario Serrano, Mariano de la Torre, Manuel Berlanga Onaya, Ricardo Cortázar y señorita Ana Koster».

Afegeix aquest diari una informació no recollida pels altres: «El torpedeamiento del Sussex. Desaparición del maestro Granados. Esta madrugada recibíamos un telegrama de la Agencia Fabra que nos sorprende dolorosamente. Algunos de los pasajeros del vapor Sussex desembarcados en Boulogne-sur-Mer dicen que en dicho buque viajaba el compositor español Granados. Refieren los mencionados sobrevivientes del vapor torpedeado que vieron a Enrique Granados y a su esposa embarcarse en una balsa, que desapareció. Enviaron una canoa en su auxilio; pero la pequeña embarcación volvió sin haber hallado rastro de la balsa ni de los náufragos en ella refugiados.

«Como no todos los pasajeros salvados han desembarcado en Francia, sino que algunos lo hicieron en las islas inglesas, cabe la esperanza de que entre ellos se encuentre nuestro ilustre compatriota; pero al mismo tiempo los detalles que dan los pasajeros llegados a Boulogne-sur-Mer hacen temer que la desgracia sea cierta. Enrique Granados es muy joven (no empleamos el pretérito mientras pueda abrigarse la ilusión de que vive todavía), tiene cuarenta y nueve años, y es una de las glorias del arte lírico español».

El País. Aquest diari, clarament anti-alemany (en plena Gran Guerra), indica un títol ben curiós: «Para los germanófilos españoles: El maestro Granados ha muerto en el Sussex». Reste idèntic al comunicat dels primer diaris esmentats.

Dia 28 de març de 1916

La Acción: «El naufragio del Sussex. El maestro Granados. Con el fin de averiguar la certidumbre de la noticia en la cual que entre las víctimas del naufragio del vapor Sussex se halla el maestro Granados, el Gobierno viene practicando indagaciones, sin que hasta ahora hayan logrado tener la certidumbre que se persigue».

Continua en una edició posterior el mateix diari La Acción: «ULTIMA HORA. Más noticias de la desaparición del maestro Granados. Barcelona, 28 (3,30 t) - Sigue la ansiedad ante la suerte que haya podido correr el maestro Granados en el naufragio del Sussex, y se ha interesado a Su Majestad [Alfons XIII] que gestione de los embajadores de Francia e Inglaterra noticias exactas. La familia tiene una carta, fechada en nueva York, anunciando su salida para Europa. Después no ha vuelto a tener noticias. La última la recibió la casa Dotesio, en telegrama fechado en Londres el día 24.

«La noticia del naufragio - Decía que iría a Francia en el primer correo que saliese de Inglaterra, y se sabe que el primer correo era el Sussex, lo que ha dado margen a que los pesimistas acentúen su creencia de naufragio, a pesar de que no hay noticias concretas».

Altres diaris del mateix dia informen de l'absència de notícies sobre la desaparició del mestre Granados. No cal copiar les informacions, que no afegirien res important.

Dia 29 de març de 1916

La Correspondencia de España, La Época i altres diaris repeteixen les informacions del diari La Acción del 28 de març (ut supra).

Dia 30 de març de 1916

La Acción torna a indicar notícies de darrera hora: «Barcelona, 30 (3,30 t.) - Se van desvaneciendo las esperanzas que se abrigaban respecto a la suerte del maestro Granados. En el Gobierno civil no se ha recibido ninguna nueva noticia. El jefe superior de Palacio ha remitido un telegrama transcribiendo otro del embajador de España en Londres, en el cual se afirma que sólo se sabe que el maestro Granados y su esposa embarcaron en el vapor torpedeado y no figuran entre los náufragos desembarcados en Inglaterra. [..] Se ha sabido por un pasajero llegado de Bilbao, el ingeniero señor Cortázar, que iba en el Sussex al ocurrir la catástrofe, que vio al maestro Granados y a su esposa cuando caían al agua».

La Vanguardia dedicà aquest dia un extensíssim article al compositor lleidatà, indicant amb seguretat que el compositor ha mort en la catàstrofe del Sussex. Inclou un llarg panegíric del compositor, que paga la pena revisar.

Dia 31 de març de 1916

De nou La Acción dona informació rellevant: «La muerte de Granados - París 30. Comunican de Boulogne-sur-Mer que el pintor español José Mª Sert fue allí para encontrar las huellas de su amigo el compositor Granados, desaparecido en el hundimiento del Sussex [nota: el Sussex no es va enfonsar, només una part del vaixell va anar al fons del mar]. Fue al depósito judicial de Boulogne, examinó uno por uno los cadáveres destrozados por la catástrofe, interrogó a numerosos supervivientes; pero, desgraciadamente, no debe tenerse esperanza sobre el fin de Granados. "He visto cosas espantosas", dijo Sert. [..] "Pregunté a varias personas que viajaban en el Sussex, y está demostrado que vieron a Granados arrojarse de la balsa para socorrer a su esposa, que se ahogaba; apenas tuvo fuerzas para llegar hasta ella, y los dos, enlazados, se hundieron

El mateix diari afegeix tot seguir una notícia que sembla contradir la mort de Granados: «¿Será Granados? - Barcelona, 31 (3,30 t.) - Se ha recibido un telegrama de París dando cuenta de que en la Embajada de España se tienen noticias de haber sido salvados un hombre y una mujer, náufragos del vapor Sussex torpedeado por los alemanes, que no han podido ser identificados por no haber recobrado la palabra». Malauradament no serien ni l'Enric Granados ni l'Amparo Gal.

La Vanguardia dona una versió lleugerament diferent de la història relatada pel pintor Josep Maria Sert: «El equipaje de Granados - Bolonia de Mar,  30. Ha estado aquí el conocido pintor catalán José María Sert, quien ha visitado el depósito de cadáveres, para ver si entre los de los náufragos podía ver el de su amigo el compositor Granados. El examen no dio resultado. Hablando con algunos supervivientes de la catástrofe, le han confirmado haberle visto en una balsa con su esposa y después desaparecer ambos en el mar. El señor Sert ha logrado encontrar el equipaje de Granados».

L'altre possibilitat

Subratllada queda la primera aparició en premsa de la versió segons la qual l'Enric Granados es llançà al mar per a salvar la seva esposa. Una versió que no deixa de ser curiosa, donat el fet de que Amparo Gal sabia nedar i l'Enric Granados no, i que ella era una experta nedadora, segons consta. És cert que ella ja no era una jove en bona forma física, però de ben segur li resultaria més fàcil mantenir-se a flot que al seu marit. Les versions donades per La Acción i per La Vanguardia són lleugerament diferents, la segona no indica que Granados es llancés voluntàriament al mar per tal de salvar la seva esposa.

La romàntica versió dels fets, la de La Acción, s'inscriu en el dolor mateix que la pèrdua del compositor provocà en el mon artístic espanyol, i encara que sembla del tot cert el testimoni del pintor barceloní Josep Maria Sert, no hem d'oblidar que la premsa de l'època era molt poc fiable en general, i ben va poder el periodista que va enviar la notícia als diaris esmentats (La Acción i d'altres que la van publicar, com ara El Imparcial, El Heraldo de Madrid, El Globo, El Siglo Futuro, etc.) inventar-se-ho o tot simplement fer d'una possibilitat una certesa, d'un potser un va ser. El fet és que les declaracions d'en Sert van ser amplament reproduïdes pels diaris europeus.

La Vanguardia afegeix que en Josep Maria Sert va recuperar efectes personals de Granados, i que els va fer arribar als seus fills, a Barcelona.

D'una altra banda, Mario Serra, fill d'un amic de Granados, el pintor Enric Serra, i que també viatjava al Sussex va explicar els darrers minuts de la vida del compositor. Segons aquest relat, molts dels passatgers es trobaven al menjador en el moment en que el Sussex fou torpedinat. L'explosió va crear una enorme alarma a tots ells, especialment quan una gran llengua d'aigua va entrar a la sala. La gent va començar a fugir sense més espera, ocupant les balses de salvament del passadís exterior del vaixell. El capità va demanar calma, sense èxit. Mario Serra va intentar que Granados, i la seva esposa, romanguessin a bord, però el compositor es va mostrar absolutament convençut de que la seva vida només estaria garantida sortint del vaixell. En arribar la balsa al mar, Enric i Amparo van caure a l'aigua, i l'Enric va intentar arribar on es trobava la seva esposa. La abraçà, i així desaparegueren entre les onades del mar.

Aquest relat ens dona una versió no romàntica del fet: la balsa va caure malament al mar, en esser davallada del vaixell amb presses, i els passatgers van caure al mar. Granados va fer per arribar on es trobava l'Amparo, es van abraçar, potser més pel fer de que ell no sabia nedar que no pas per amor, i van desaparèixer. Aquest fet, a travès del filtre de la genialitat del compositor i dels temps romàntics que es vivien, va crear la versió segons la qual Granados es va llançar al mar a salva la seva dona.

Segons algunes versions, que combinen ambdues històries, la balsa hauria baixat al mar sense entrebancs, però un cop a l'aigua alguns passatgers haurien caigut al mar degut a moviments de la petita balsa per efecte de l'onatge, entre ells l'Amparo. Segons aquesta versió, just en aquest moment l'Enric s'hauria llançat al mar per intentar salvar la seva dona.

Encara una versió més, aquesta de la ploma d'en Ricard Viñes, pianista amic de l'Enric Granados, escrita a la Revista Musical Hispano-Americana a l'agost de 1916: «Granados, que apenas sabía nadar, remaba en cambio bastante bien, como hace poco me lo confirmaba el patético relato de una joven norteamericana -Mis L.H.- quien asistió al desastre del Sussex, y quien me dijo haber visto a Granados -sobre un exiguo radeau [balsa] al que se agarraban, siguiéndolo al remolque, la esposa de aquél y otro náufrago- remar desesperada y velozmente sin más náutico aparejo que una tosca tablucha, y pareciendo poner el mayor ahínco en alejarse del buque torpedeado, cual si temiera ante todo la horrífica succión del hundimiento. Hasta ahí lo que alcanzó a ver mi interlocutriz».

Va ser veritablement així o no? No ho sabrem mai.

dimecres, 22 de juny del 2016

L'aire s'escolta Granados amb José Menor

Una nota vola en el silenci, que la mira passar embadalit. L’aire no respira, un so, un simple so mig amortit, manté en suspens l’ànima de tot i de tots. És Granados, i és José Menor qui omple l’aire de Granados.


Fotografia (c) Josep Maria Rebés / Associació Joan Manén

Granados ja és això: silenci i música són música en ell, i quan la música fa silencis i els oients els escolten aleshores saps que l’intèrpret ha assolit aquell nivell al que desitjaves tu com espectador arribar. Fins i tot l’aire s’escolta José Menor quan sona Granados.

A mi em van ensenyar a tocar el piano amb la tradició Granados-Marshall, i respecto i admiro molt la feina que José Menor ha fet amb el compositor lleidatà, més sabent que ell mai no ha rebut classes a l’Acadèmia Marshall ni dels seus formidables professors, hereus de la tradició de la música de Granados i transmissors naturals del seu estil, o del que creiem el seu estil per línia directa d’ensenyament. José Menor sona diferent, i m’agrada molt perquè enriqueix la meva cultura musical amb la seva visió i la seva comprensió de l’obra de Granados. No estic parlant del tempo, del ritme, no parlo del fraseig, ni dels pedals, ni de com fer que una nota soni on jo creia que no hi era, que es destaquin unes notes amagades habitualment, no parlo de tot això individualment, sinó en conjunt.

En realitat la meva manera d’abordar un compositor és sempre personal, no busco qui pugui transmetre’m com fer un compositor, sinó que deixo que la seva música ressoni en el meu interior”, explica José Menor. “És clar que escolto consells, de caràcter general sobre la música i el piano, però he de fer meva la música, no toco com d’altres ho han fet o com penso que vulguin altres que soni un determinat compositor. M’agrada si puc, i és el cas de Granados, anar a les partitures originals, no a les edicions actuals, als manuscrits, i allà puc llegir el que el compositor pensava de si mateix”, diu Menor.

La música té això que la converteix en veritable art: la interpretació. Sense interpretació la música s’esdevé rutinària i mecànica, com en una pianola, com en un reproductor de música enllaunada que tingués només una única versió disponible: sempre igual, sempre la mateixa, sense sorpreses. Són els intèrprets els que han fet de les obres el que són, no pas els compositors. “La fas teva, Granados fa una música sensible a la interpretació. Mira, intento no escoltar ningú quan preparo una obra, em guio per l’autor, em deixo anar”, diu José Menor.

El cèlebre inici del Concert per a Piano N.1 de Piotr Ílitx Txaikovski no el va escriure ell, no al menys en el format que coneixem avui en dia, no en la versió dels stacatti, en realitat a la seva versió n'hi havien arpegis en comptes dels acords al uníson, uns arpegis suaus que un pianista de l'època va decidir canviar per acords, que eren més del seu gust. I tant van agradar que Txaikovski es van convèncer també de l'oportunitat del canvi i en una reedició de l'obra el va incloure. "L'aria diceia Giannina ma io dico Rosina", va pensar segurament aquell pianista rus, Alexandr Ziloti, deixeble de Txaikovski.
Inici del famós Concert per a Piano N.1 de Txaikovski


És més fàcil amb la música del Romanticisme, i Granados n’és d’un romanticisme tardà, és una música que s’ha d’interpretar, no pots fer-la estricta amb un metrònom”, diu José Menor. “Granados escriu molt text a les seves partitures, moltes indicacions escrites que no volen dir que s’hagin d’interpretar rígidament. Quan escoltes els seus enregistraments, els seus rotllos de pianola, t’adones que ell no segueix cap línia metronòmica, i que les seves indicacions són una guia d’interpretació, però no pas d’obligació estricta”, conclou Menor.

Quan José Menor acosta les mans al teclat deixa de ser un pianista davant d’una partitura, i passa a ser ell part de la música, i això és també interpretació. Te’n adones, com a oient, que les seves mans fan la música i la música les dirigeix, i per això els silencis que Granados deixava caure a les seves partitures s’escolten també la música, són notes també. L’aire respira Granados i res no es mou a l’aire que no sigui la música, quan sona Granados, quan sonen els seus Crepúsculo, Jácara, Serenata, quan sonen les seves monumentals Goyescas.

Goyescas és una obra cabdal, i és una llàstima que no es programi més sovint, i no parlo d’una o de dues de les seves peces, sinó del cicle complet. Per a mi és un veritable cicle, i és per això que em sobta de vegades que s’aplaudeixi al final del primer llibre, és com si s’aplaudís al ben mig de La Bella Molinera. Són costums, però per a mi és una unitat, i s’hauria de tocar més com a tal”, diu José Menor.

Jo em pregunto què és per a la sensibilitat d’altres pobles aquesta música de Goyescas, que no és pas descriptiva ni ens explica res de l’obra del mestre pintor Francisco de Goya, sinó que està inspirada en l’aire dels seus quadres. Atmosfera, la inspiració… aquell component de les composicions que va ser tan important en l’obra de Granados. Sobre ell va construir un edifici de tècnica i improvisació amb el que va crear un món personal i etern. Però un món a interpretar, perquè una atmosfera no és mai una imatge fixa.

M’he trobat molt còmode tocant Granados a tots els països on he pogut interpretar-lo en aquest Any Granados”, diu José Menor. “De veritat, a tot arreu agrada Granados. Després ho manifestaran d’una manera o d’una altra, els xinesos i els novaiorquesos no tenen la mateixa forma d’expressar els sentiments, però arriba a tothom. Granados arriba i fa vibrar, emociona arreu”.

L’Associació Joan Manén va cloure el seu 5è Cicle de Música Catalana “Joan Manén” a l‘Ateneu Barcelonès amb aquest concert, una cloenda extraordinària que deixa en un nivell altíssim tot el cicle. Any rere any l’associació apropa la música catalana al públic, normalment en composicions i amb autors no tan de primera fila, de moda si ho voleu dir així, com ara Granados. Aquesta cloenda és molt adient dins d’aquest Any Granados, i amb un concertista de tanta qualitat ha esdevingut un gran èxit per a l’associació, a la que felicitem des d’aquestes línies.



dissabte, 4 de juny del 2016

Yoko Suzuki a l'Acadèmia Marshall (2-juny-2016)

Les parets són d’un suau to crema, tant suau que si no et fixes quasi diries que no hi són. Les cortines una mica més fosques, però no molt més, separen la sala del món exterior, d’aquell del que sovint diem que n’és el preu a pagar de la civilització urbana: les sirenes de les ambulàncies, els passos precipitats, el soroll de les motos, el de l’helicòpter que a prop vola sobre el barri Gràcia ... tot això queda rere les cortines de la Sala Alícia de Larrocha de l’Acadèmia Marshall de Barcelona. Dins som a un altre món, a una sala presidida pels busts de dos mestres: el de l’Enric Granados i el d’en Frank Marshall. El primer, mestre de mestres, i el segon el mestre d’una generació de pianistes que han deixant la seva empremta arreu del món.
 
(c) Ignasi Soler
A aquella sala un quadre, pintat per la dona de Frank Marshall, Teresa Cabarrús, com a còpia del retrat que pintà el pintor canari Néstor Martín-Fernández de la Torre, presideix en silenci la sala, i ho fa amb una atenció delicada i, segons alguns, fins i tot vigilant el que passa. De vegades, quan sona la seva música a aquella sala, tanco els ulls i aquell quadre prenc vida i el que interpreta és el mestre de mestres, que ens explica amb notes el que acaba de compondre i que així, tot simplement, ens fa la tarda agradable i ens enriqueix culturalment. Som la seva colla d’amics.

De fet aquesta sala mai va veure els passos perduts de l’Enric Granados, perquè en Frank Marshall traslladaria la Acadèmia a aquest edifici del carrer Conte de Salvatierra, quan l’acadèmia ja duia el seu nom, molt anys desprès de la mort del compositor lleidatà. Aquesta sala mai va escoltar la música que la prodigiosa ment del compositor escriuria amb aquella barreja de genialitat i lleugeresa, però tota la sala parla de Granados, com si l’hagués conegut. En realitat es podria dir que molts altres són entre aquelles parets quan sona la seva música, com ara el seu professor barceloní, Joan Baptista Pujol i Riu, qui va tenir com a deixebles la crème de la crème dels pianistes catalans (Isaac Albéniz, Joaquim Malats, Frederic Lliurat, Ricard Viñes, ...) i perquè no també el professor d’en Pujol, el Pere Tintorero, deixeble ni més ni menys que del gran pianista Franz Liszt, creador de l’escola catalana de piano.

Quan sona el piano a aquella sala l’instrument que sona és el que la Carmen Bravo, la dona del Frederic Mompou, va donar a l’Acadèmia, un Steinway&Sons de mitja cua, un piano que de ben segur hauria agradat a Granados, però que ell mai va tocar. És un piano que es podria dir que està ben acostumat a la música goyesca, a l’Adagio de Concert, a les Dances romàntiques i a tantes i tantes altres composicions de Granados, però també a la música de Mompou, que jo he escoltat moltes vegades tocada amb ell.



Tot un món musical aquest de la música de casa nostra que hi és en aquella sala cada cop que sona una nota. I aquest cop, el dijous 2 de juny de 2016, ha sigut la pianista japonesa Yoko Suzuki qui ha fet aquest encanteri de fer-nos sentir en família, en la gran família dels pianistes catalans a la presentació del seu CD “Granados piano – cartes de amor” (Columna Música 1CM0352). La Yoko va ser deixebla de l’Alícia de Larrocha i de la Carlota Garriga, totes dues deixebles de Frank Marshall, i es nota molt el so Marshall quan toca el piano. Les peces que conformen aquest CD les ha preparat amb l’ajuda de la Carlota Garriga, sent algunes de les peces tant infreqüents que és fàcil pensar que mai s’han enregistrat. Les Cartas de amor, que donen títol al CD, són quatre peces en miniatura que, malgrat no portar dedicatòria expressa, és fàcil pensar que el compositor va dedicar a la seva estimada Ampar Gal, quan encara no s’havien casat, la noieta valenciana que l’havia robat el cor. D’una cinquena de les cartes d’amor s’ha trobat només un començament de 8 compassos, que la Yoko ha volgut fer servir tot afegint uns quants més de la seva pròpia imaginació (ella és una bona compositora), en un estil absolutament Granados, i amb un resultat esplèndid.

La interpretació de la pianista ha mostrat una línia senzilla, en aparença, amb un dibuix de les melodies i dels enginys del mestre lleidatà molt elegant, jugant amb les notes com m’imagino que faria Granados divertint als seus amics o enamorant a la seva dona. L’aprenentatge a l’Acadèmia serveix per a fer fàcil allò que en realitat requereix molta tècnica i molt control dels petits espais sonors de les partitures de Granados, i la Yoko Suzuki demostra concert rere concert que ha sabut fer seva aquesta manera de tocar tan catalana, tan Marshall i en definitiva tan Granados. Un plaer escoltar-la interpretant al piano i també un plaer poder escoltar les seves explicacions sobre les peces i la gestació de l’enregistrament.

(c) Ignasi Soler

La presentació va comptar amb una introducció a càrrec de Joan Vives, un gran comunicador i un apassionat de la vida i obra de l’Enric Granados. Vives ha col·laborat també en la realització del CD.

divendres, 5 de febrer del 2016

Recolzant la cultura catalana (I Cicle de Música Catalana al Palau Güell)

[Fragment del vitrall del Palau Güell, amb la senyera que trobem a l'escala principal. Ginger BCN Studio]

Sona una melodia que escoltes per primer cop, unes notes de piano i una cançó que potser molts pocs han pogut escoltar abans que tu, saps que ets un privilegiat en aquest sentit, i penses en la sort que tens de participar en un esdeveniment que, encara que senzill, dona molt de sentit a les vides de les persones que treballen per dur a terme la tasca, també senzilla en aparença, de recolzar la cultura musical catalana començant pels moments al quals històricament Catalunya prenc consciència de la seva identitat musical.

El concert del Palau Güell del 4 de febrer de 2016 portà el títol de «Cançó catalana: d'Isabel Güell a Eduard Toldrà». La sinopsi del programa demà ja indica el propòsit del programa:

«Amb la Renaixença va sorgir un viu interès per la cançó popular al nostre país. Les nostres cançons foren un poderós instrument d’afirmació del nacionalisme emergent i compositors com Francesc Alió o Joan Manén van adaptar melodies populars al format de lied. Gràcies a aquest treball de divulgació del nostre folklore i d'aprofundiment en els trets característics que el conformaven, es va anar bastint poc a poc una cançó autènticament catalana; cançons originals que defugien la cita popular i aprofundien en el vincle entre text i música. Els compositors trobaren en el treball de poetes com Tomàs Garcés, Josep Carner o Josep Maria de Sagarra una veritable font d'inspiració que els va portar a crear joies musicals que traspuaven essència autènticament catalana.»

«Essència autènticament catalana». No era fàcil aleshores saber exactament quina era aquesta essència, no a finals del segle XIX i començaments del segle XX. El moviment nacionalista que a d'altres països europeus havia sorgit a mitjans-finals del XIX, i que donaria obres com les Danses hongareses de Johannes Brahms (el primer llibre de danses és del 1869), el conjunt d'obres nacionalistes de compositors russos que prenc el punt de partida en la constitució de l'anomenat Grup dels Cinc (Balàkirev, Cui, Mússorgski, Rimski-Kórsakov i Borodín) l'any 1856, la descriptiva obra La meva Pàtria del txec Bedřich Smetana, a les obres de Fréderic Chopin basades en ritmes polonesos, etc., arriba a Catalunya amb un cert retard i barrejat musicalment en el temps amb la moda wagneriana, que s'enllaça amb el modernisme culturalment, però que deixa pas a obres de collita pròpia, a intents de creació d'una música nostra, com ara Els Pirineus del compositor Felip Pedrell sobre text de l'escriptor Víctor Balaguer, a les obres del mestre Enric Morera, etc.

Però en realitat on s'havia de trobar aquesta essència catalana no era pas a les gran obres, a les òperes estrenades als grans teatres, sinó a les petites obres, a les cançons que amb caire tradicional, i que en molts casos no tenien però cap arrel tradicional musicalment parlant, anaven escrivint músics catalans amb un sentit molt poètic de la música. I es que la poesia havia arribat al nacionalisme abans que la música, i la convidava a seguir les seves passes. Això és el que ens explica la sinopsi indicada més amunt.

Ahir la soprano Júlia Farrés-Llongueras i el pianista Daniel Blanch ens van fer gaudir de valent d'aquesta naixença cultural de la música pròpiament catalana, d'Isabel Güell a Eduard Toldrà passant per Enric Granados, Joan Manén i Rafael Ferrer. Algunes de les obres eren primers audicions, donant encara més interès al concert. I si es fa un concert a un indret com el Palau Güell, on el seu primer propietari, el mecenes i empresari Eusebi Güell i Bacigalupi, vas creure en la música catalana i la va recolzar amb entusiasme, aquest concert s'ha de fer com el que ens van oferir ahir: amb una gran delicadesa i amor per la nostra música, amb admiració i respecte, amb orgull i seny. Ja des del començament, amb la introducció explicativa del musicòleg Xavier Chavarria, ja es respirava aquesta atmosfera imprescindible per a gaudir de la música en tots els sentits, no només en el musical sinó també des del punt de vista històric, cultural i català.

El duo d'intèrprets, que ja fa temps que treballen junts algunes de les obres d'aquest repertori, funciona a la perfecció. La veu de la Júlia Farrés-Llongueras és molt consistent, sòlida però alhora tendre quan cal, amb uns greus preciosos i uns aguts ben continguts que mostren un treball intel·ligent de la pressió diafragmàtica. El seu color és idoni pel repertori en català, la seva natural musicalitat vocal, el seu català de Sant Cugat, conjuga amb els versos dels nostres poetes d'una forma natural, embellint cada frase no només amb l'afinació i la tècnica musical, sinó també amb la clara pronunciació del català. I és que, tal com defensava el compositor Joan Manén, les nostres obres han de ser escoltades i enteses en la nostra llengua, i des d'aquest punt de vista la soprano de Sant Cugat fa cas al gran compositor barceloní. Remarcable participació de la Júlia Farrés-Llongueras, en un altíssim nivell.

Daniel Blanch ens deixa sempre la sensació de que la música és fàcil, amable, emotiva, directa i descarregada de subterfugis innecessaris. Interpreta amb naturalitat i agilitat, com si tocar el piano fos d'allò més senzill, encara que tingui com a instrument un piano Erard de finals del segle XIX, un piano amb un tacte i un so diferents dels actuals. Domina no només el repertori, sinó la història de la música de casa nostra, i amb coneixement construeix acompanyaments que destaquen les arrels de la música i s'ajusten a la veu de la soprano amb delicadesa, acompanyant i sent alhora partícip en primer pla. El seu entusiasme recolzant la música catalana és més que contagiós: és una sort poder comptar amb ell i deixar-se seduir pel seu entusiasme.

Aquest I Cicle de Música Catalana al Palau Güell s'ha encetat amb un concert de gran nivell, i tots esperem que continuï oferint-nos grans concerts. El primer és potser el que determina l'interès de molta gent, i aquest primer ha sigut tot un èxit cultural. Gràcies a tots!